Capítulo III – La Mano De Un Dios

Corrían tiempos difíciles para hombres y dioses. La semilla del odio no dejaba de crecer mientras Cronos y sus titanes gobernaban el universo con mano de hierro. Habían pasado muchos años desde los tiempos de Urano, y ahora los titanes, herederos de su poder, no temían a nada ni a nadie.

Tan solo el viejo Océano, el más sabio de los titanes, mostraba su preocupación por el discurrir de los acontecimientos.

Entre tanto, Rea, siguiendo los consejos de la Gran Madre, urdía una treta para preservar el futuro de su último hijo, ya que su embarazo pronto llegaría a término… Cuando el sol se escondiera como cada día para su descanso, ella podría huir sin que el resto de los inmortales se percatasen de su ausencia y así completar su plan.

Días más tarde, la brisa del atardecer mecía los cabellos de la titánide mientras surcaba el cielo en un hermoso carro alado. A punto de dar a luz, Rea puso rumbo a la misteriosa isla de Creta.

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