Capítulo XV - Titanes

El ejército olímpico había llegado hasta la base del monte Otris y se preparaba para el asalto final. Los cíclopes, como muestra de agradecimiento por su liberación, habían fabricado tres objetos mágicos para los tres hermanos. Así, a Poseidón le dieron el tridente que hacía temblar la tierra; a Hades el casco de la invisibilidad; y a Zeus el rayo que todo lo fulmina.

Atrincherado en su palacio, Cronos trataba de resistir el envite de los olímpicos mientras el titán Atlas, capitán de la guardia, organizaba la defensa. Sin embargo, de poco sirvieron sus esfuerzos, pues las últimas tropas de los titanes eran aplastadas como insectos por aquellos colosos salidos del Tártaro.

Todo estaba perdido, pero lejos de rendirse, el arrogante Atlas retó al propio Zeus a un combate singular, acusándole de cobarde por valerse de los monstruos ancestrales para vencer a los titanes. El señor del Olimpo fulminó con su rayo al titán antes de que éste pudiese terminar su bravata.

Tan solo restaba abordar el palacio y capturar a Cronos. Pero el señor del tiempo no era presa fácil. Oculto entre las sombras utilizaba su poder para manipular el tiempo y anticiparse a sus enemigos.

Sigilosamente, los olímpicos se colaron en el siniestro palacio y fueron hostigando al señor de los titanes con sus armas mágicas para conseguir acorralarle. Fue entonces cuando Poseidón hizo temblar la tierra con su tridente para atraer la atención del titán, mientras el invisible Hades se deslizaba a sus espaldas apresándole por sorpresa. En ese mismo instante, Zeus fulminó con el rayo a su odioso padre.

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