Capítulo XIII – La Puerta Del Tártaro

Desde los inmemorables tiempos de Urano nadie había osado cruzar las puertas de la prisión infernal. El Tártaro había sido creado por el antiguo soberano celeste para encerrar a sus monstruosos hijos, y no había fuerza o poder en la tierra capaz de hacer mella en sus muros, rodeados hasta siete veces por un río de fuego. Una única puerta maciza e inexpugnable cerraba la entrada. Muy pocos conocían el secreto para abrir aquella mole inabarcable para la mirada. Sin embargo, la vieja Gea se lo había revelado a Zeus, como en su día lo hizo con Cronos, para que pudiera completar su empresa.

Cuando Zeus llegó a la puerta pudo percibir el nauseabundo olor de una colosal criatura que descansaba junto a la entrada. Gea le había advertido que se trataba de Campe, una poderosa bestia cubierta de escamas que había sido creada por Cronos para custodiar el acceso al Tártaro y evitar que otras deidades se acercaran por allí.

Ahora que había llamado la atención de la criatura sabía que sólo si acababa con ella podría acceder al Tártaro, y aunque la guerra lo había endurecido, aquel adversario resultaba temible.

La bestia de negro corazón se abalanzó sobre Zeus y ambos se enzarzaron en una lucha sin parangón. Sin embargo, la pérfida criatura no sabía que la sangre de Cronos corría por las venas de su presa. Tras una larga y brutal pelea, el señor del Olimpo puso fin a su miserable vida.

Exhausto y malherido, Zeus utilizó sus últimas fuerzas para abrir aquella oscura puerta y liberar a los cautivos.

Días después, de vuelta a Tesalia, tres seres indescriptibles lanzaban sin descanso con sus cien manos una lluvia de rocas que sembraba el desconcierto en las tropas de los titanes, mientras los ancestrales cíclopes se abrían paso a través de las líneas enemigas con sus colosales martillos.

 

 

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