Capítulo XI – Los Ojos Del Caos

Tras diez años de cruentas batallas la guerra seguía sin descanso. Los olímpicos, que en un primer momento habían roto el asedio, luchaban ahora en las llanuras de Tesalia contra las fuerzas de Cronos, manteniendo un precario equilibrio en la pugna.

La tierra de ancho seno había sido arrasada, las salobres aguas de los mares hervían, y el anchuroso cielo se hundía en el océano, pues sus pilares no habían resistido tanta destrucción. Por fin el oscuro Caos había conseguido invadir aquel mundo, y ahora desde el más profundo de los abismos observaba inexpresivo cómo se iba desintegrando.

La anciana Gea, viendo cómo los titanes habían liberado las fuerzas del Caos y permitido que aquel ominoso ser infestase su seno, decidió tomar partido y ayudar a los olímpicos para poner fin a la guerra. Así le habló a Zeus acerca de los cíclopes y hecatónquiros que se hallaban encerrados en el Tártaro, los cuales serían definitivos para conseguir la victoria.

Siguiendo las indicaciones de Gea, Zeus viajó hasta los confines más occidentales del mundo, donde el cielo se sumerge en el mar, para buscar la abismal prisión que retenía a aquellos seres primigenios y monstruosos.

Mientras se adentraba en la laguna Estigia, una inmensa y robusta estructura comenzaba a intuirse en la brumosa distancia. Zeus sabía que aquella era la puerta del Tártaro y que no la cruzaría sin luchar.

 

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