Capítulo X – Buscando Una Señal

El mundo nunca había conocido una guerra de tan colosal magnitud. Mientras el sol se ponía para no volver a salir en mucho tiempo, los olímpicos y su ejército se dirigían a la batalla desafiando al cada vez más demente Cronos.

El rey de los dioses había reunido un vasto contingente con el que asediaba el monte Olimpo, y con los titanes al frente pretendía borrar de la faz de la tierra en menos de un día a aquellos insignificantes rebeldes. Sin embargo olvidaba que los olímpicos, aunque jóvenes, llevaban su misma sangre y contaban con el apoyo de otras deidades.

La tierra tembló, mientras las montañas eran arrancadas de sus raíces. El cielo se estremeció, mientras el fuego bañaba las tinieblas. Y fue tal el estruendo, que pudo sentirse desde el sombrío Tártaro hasta la inalcanzable bóveda celeste.

Recuperados de su largo tormento, Zeus y sus hermanos se lanzaron a la batalla sintiendo por primera vez que eran dueños de su propio destino. Un destino en el que no tenía cabida el perdón…

 

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