Capítulo VI/VII – Cuando El Mundo Despertó

Después de muchos años de discrepancias, Cronos decidió que había llegado la hora de apartar al viejo Océano de los asuntos de palacio, y por tanto, decretó su destierro a los confines del mundo como guardián de las aguas que circundan la tierra.

Desesperada por la noticia, Metis, una de las hijas de Océano, apeló a la clemencia de las titánides para impedirlo. Sin embargo, nadie puede menoscabar la voluntad del rey de los dioses, y Océano fue finalmente desterrado a los abismos marinos junto a su esposa, la titánide Tetis.

Mnemosine, la que nunca olvida, le recordó a Metis que hubo un tiempo en el que existía una poderosa fuerza que movía el universo. Se llamaba Eros, el amor, pero desde los días de Urano se había ido desvaneciendo poco a poco, pues los titanes, nacidos del odio, nunca lo habían llegado a conocer.

Entre tanto, un apuesto joven recién llegado a la corte de Otris despertaba el interés de los demás inmortales. Metis se preguntó si aquel joven no estaría investido por aquella antigua fuerza de la que hablaba Mnemosine, pues apenas podía apartar los ojos de él.

Días después, tras ceder a una pasión irrefrenable, la oceánida entregaba su corazón al misterioso joven. Y aunque aquella sensación resultaba embriagadora, más fascinante aún resultaba la proposición del efebo… quería envenenar al mismísimo Cronos.

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