Capítulo V - Tempestad

Los años pasaron en la lejana Creta y el pequeño Zeus se convirtió en un joven y poderoso dios. Cuando alcanzó la madurez, aconsejado por su madre, construyó una embarcación para regresar al continente.

Antes de partir, el joven dios invocó a los vientos, hijos de la aurora, para que envolvieran la nave en una espesa nube y con su fuerza la llevaran hasta la vieja Tesalia. Oculto entre las brumas, Zeus, el que amontona las nubes, cruzó el agitado mar Egeo sin que los demás inmortales se percatasen.

Sólo el titán Ceo, portavoz de la sabiduría de Urano, vislumbró en las estrellas los sombríos presagios de un futuro incierto. Sin embargo sus soberbios hermanos hicieron caso omiso a sus advertencias, cegados por su propia arrogancia.

Tras nueve días y nueve noches de viaje, amparado por la tempestad, Zeus arribó a la costa de Tesalia dejando atrás las salobres aguas del Egeo. Una vez en tierra, como si se tratara de un simple efebo más, puso rumbo al monte Otris.

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