Capítulo IV – El Secreto De Creta

Esa noche, Rea consiguió llegar al monte Ida de la lejana Creta, y allí alumbró por fin al último de sus hijos.

Tras el furtivo parto, entregó al recién nacido a la Madre Tierra y en su lugar tomó una piedra envuelta en pañales. Sin más dilación, la titánide tomó el carro alado y regresó a palacio antes de que su esposo pudiera sospechar algo.

Por su parte, Gea ocultó al pequeño en las cuevas del monte Ida para evitar la atenta mirada de los demás inmortales. Y allí confió su cuidado a las ninfas para mantener a salvo su secreto.

De vuelta a palacio, Rea fingió un segundo parto, y entregó la piedra envuelta en pañales al retorcido Cronos. El soberano, cegado por el odio, engulló la piedra sin percatarse del engaño de su mujer. A partir de entonces, la titánide se negó a yacer más con él.

Cronos nunca sospechó que en la brumosa isla de Creta, oculto a todas las miradas, crecía un niño que llevaba su sangre... el nombre del pequeño era Zeus.

 

 

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